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Mi formación tiene dos vertientes básicas que se complementan: la académica y la de ceramista por placer. Con el tiempo, ambas convergieron.
Académicamente, estoy formada en el campo de las Humanidades, licenciada en Ciencias Históricas y más concretamente en la especialidad de Arqueología y Prehistoria. Esta formación me ha permitido tener una perspectiva muy especial de la historia del arte y de la relación del ser humano como individuo que vive en la naturaleza y la transforma utilizando sus recursos.
La cerámica es una manera de utilizar un recurso natural, la arcilla -entre otros- , y, transformándolo, convertirlo en obra útil y a menudo artística, con toda la carga expresiva y comunicativa que esto supone. Gracias a la amplitud de lenguajes que la cerámica tiene, mi formación académica ha encontrado apoyos para conocer más, investigar y ordenar conceptos.
Mi formación como ceramista arranca de 1983, al entrar en el Taller Escuela de Miguel González en Santander. Allí, paralelamente a mis estudios, pude aprender las técnicas cerámicas que en cada momento me interesaron y a lo largo del tiempo unos 15 años estas técnicas fueron incorporándose con lentitud a mi manera de expresarme. Aprender a expresarme y a dialogar con la materia son las principales enseñanzas que he recibido de este maestro y su mundo pedagógico y de amistad, sin los cuales no podría haber evolucionado en mi trabajo y mi pensamiento.
Desde 1995, fecha en que me trasladé a vivir a un pueblo de Cantabria, tengo mi propio taller en el que trabajo sola. Ocasionalmente procuro centrarme en la creación puramente artística presentándome a concursos de cerámica: tengo dos premios en convocatorias nacionales. Complemento mi actividad como ceramista con otros caminos profesionales, como la enseñanza y la investigación en el ámbito etnográfico; de hecho tengo una publicación acerca de la cerámica tradicional de Cantabria ( “ La alfarería en Cantabria: síntesis para una tradición perdida” , premio Cabuérniga 1995). (seguir leyendo…)
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